A mí me pegaban en el cole...

NO ES CULPA TUYA

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  • • NO ES CULPA TUYA

    EN UNA SITUACIÓN DE ACOSO ESCOLAR, QUIEN LO SUFRE NO ES CULPABLE. ES EL AGRESOR O AGRESORES QUIENES ESTÁN ACTUANDO MAL.

  • • NO TE CALLES, PIDE AYUDA

    SI ESTÁS SUFRIENDO ACOSO ESCOLAR, TIENES QUE CONTARLO A LOS ADULTOS DE TU ENTORNO QUE PUEDEN AYUDARTE (PADRES, PROFESORES, TUTOR/A).

  • • NO ESTÁS SOLO/A

    HAY MUCHOS CHICOS Y CHICAS QUE ESTÁN O HAN ESTADO EN TU SITUACIÓN Y HAN CONSEGUIDO SALIR DE ELLA.

  • • NO SEAS CÓMPLICE

    SI ERES TESTIGO DE UNA SITUACIÓN DE ACOSO CUÉNTASELO A LOS PROFESORES. NO ERES UN CHIVATO, ESTÁS SIENDO SOLIDARIO

  • • EL CENTRO ESCOLAR TIENE QUE AYUDARTE

    LOS CENTROS ESCOLARES ESTÁN OBLIGADOS A INTERVENIR ANTE SITUACIONES DE ACOSO ENTRE SUS ALUMNOS/AS


No es culpa tuya, pero te sientes culpable. Llegas a creerte que te lo mereces porque, aunque intentas evitar las agresiones, siempre te pillan de alguna manera.

Y me gustaría que leyérais con atención la historia de ésta niña: Mi hija de 7 años se quiere suicidar.

A veces no cuentas lo que te están haciendo porque al principio no te lo crees y no lo identificas como acoso, luego pasas a tener miedo a que no te crean o a que te digan que no tiene importancia y te cojan manía por andar contando "mentiras". No tienes pruebas como una grabación de los insultos, por ejemplo, siempre es tu palabra contra la del otro niño.

Hay quien piensa que sólo quieres llamar la atención, pero tú te mueres de miedo de solo pensar en cómo reaccionaría tu agresor si se enterase de que te has chivado. Por supuesto que no admitirá lo que te hace y mientras los adultos deciden qué hacer con el tema, tu sigues en peligro. Doy fé de que la ira de los acosadores no tiene límite.

El miedo te impide ver con claridad. 

Tienes un enorme sentimiento de impotencia y desprotección porque no tienes pruebas de lo que ocurre. Es tu palabra contra la del agresor, sus padres, los maestros, los demás niños que no dicen ni pío o incluso tus padres que no te creen... Es como si vivieras en una pesadilla que nunca acaba, en un bucle del que no puedes salir. Es una auténtica tortura porque no sabes cómo explicar que un niño te tiene agobiada a insultos, no puedes probar que otro te empujó por la escalera o que te persiguen por la calle hasta tu casa...

No me extraña que haya casos de suicidio entre menores. Recientemente el de Lucía, que podéis leer aquí, que no pudo soportar el acoso, el cambio de instituto, que nadie la creyera y que, finalmente, nadie moviera un dedo por ayudarla. El cariño y el apoyo de sus padres no fue suficiente porque la bola es tan grande que no puedes con ella, la situación te sobrepasa y ya no sabes por dónde escapar. No encuentras motivos válidos para levantarte de la cama, para estudiar, para ilusionarte con algo...

El trago es tan amargo y nadie es capaz de entenderte, de consolarte, de echarte una mano... pero sobre todo, nadie es capaz de saber lo que sientes. Se te encoge el corazón, se te pone en un puño como cuando alguien querido se te muere. Y así todos los días. 

Yo también pensaba en tirarme de la azotea, pero no tuve valor. Hay que ser muy valiente para hacerse daño a uno mismo y ahora, ya adulta, comprendo el grado de desesperación al que llega un niño para hacérselo. Es terrible, indignante, vomitivo, increíble... dejar a un niño tan solo ante un problema tan grande.

Muchos se lavan las manos. Escurren el bulto. No ven las señales. Dicen que hicieron, que quisieron hacer, que no se veía clara la situación... ¡Mentira! Es todo cobardía. Hay que involucrarse, saber ver, saber estar, abrazar, hablar con los niños, estar ahí para ellos, tender puentes de confianza que realmente funcionen. Hay que #servaliente y tomar cartas en el asunto. Posicionarse y actuar. De nada sirve cubrir papeles...

¿Sabéis cuánto se tarda en recuperarse de una devastación tan grande? Recuperar la autoestima, creer en tí mismo y en tus posibilidades, volver a tener valor e ilusión requiere el resto de tu vida. Vas a trompicones. Siempre te dijeron que eras una mierda, que no valías por ser gord@, por llevar gafas, por se el cutre o el pringao de la clase... Los altibajos y el miedo a que vuelva a ocurrir son constantes. Algo se te rompe por dentro cuando los insultos te llenan los ojos de lágrimas y no puedes ni quieres devolverlos, cuando deseas morir en lugar de vivir, cuando eres un niño lleno de inseguridades y miedos, cuando crees que no mereces nada de lo poco bueno que te pasa...

Los adultos estamos para proteger, para querer a los niños, para guiarles y educarles. Para ayudarles a ser personas, sobre todo y ante todo. No podemos dejarles solos ante una carga tan grande como es la de afrontar la vida con miedo, la de crecer sin explicarles que los cambios son buenos, que estudiar merece la pena, que conocer a otros diferentes a tí es maravilloso... Tenemos que darles herramientas válidas, estar ahí por si se caen para ayudarles a levantarse. 

Buscad la valentía en vuestro corazón y dejad que vuestras manos trabajen para que no vuelva a haber ni un suicidio más. 


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