A mí me pegaban en el cole...

ACABAR CON EL ACOSO ESCOLAR. ¿POR DÓNDE EMPEZAMOS?

El acoso escolar siempre ha existido. Es algo propio e inherente a la microsociedad que crean los niños en el colegio o en cualquier otro sitio en el que pasen mucho tiempo con otros niños -equipos deportivos, de estudios, etc-. Reproducen patrones que viven en casa y a los que están expuestos cada día en la sociedad. 

Crean su propia sociedad con sus propias normas tomadas a partir de las de la sociedad adulta en la que les toca vivir. Van tomando ejemplos de aquí y de allá, escuchan nuestras conversaciones, ven nuestras reacciones ante la vida, están expuestos a la televisión -telediario, películas, dibujos,series- y, hoy en día, al mundo digital de Internet -redes sociales- y a los videojuegos. 

Los niños son como esponjas para bien y para mal y por eso, si no ponemos atención, ellos mismos no saben autorregularse y terminan por crear situaciones de acoso muy graves que se les van de las manos y de las que, después, se arrepienten. Por eso es importante que los padres sepamos qué ven nuestros hijos en la televisión, en la tablet o en el móvil. Un control parental de contenidos es fundamental.

Los niños no saben dónde parar. Desconocen los límites y somos los adultos los que debemos guiarles. Igual que cuando empiezan a caminar no les dejamos correr si van directos a caer por una escalera, es decir, nos adelantamos, prevenimos la más que segura caída, con el acoso debemos hacer lo mismo: prevenir. En la prevención está la solución.

En todas las sociedades de niños hay niños acosador y niños sometidos. A veces el líder o acosador arrastra a varios niños influenciables que le ayudan, aunque suele arreglárselas muy bien él solito, no necesita ayuda para dar rienda suelta a su crueldad. Lo que si necesita son espectadores porque le gusta ser centro de atención, estar acompañado y bien rodeado de otros que le hagan de escudo en caso de necesidad. 

Los niños que ayudan al líder suelen hacerlo porque no quieren ser el niño maltratado, es decir, por miedo. Ese es el resorte con el que juega el acosador, el miedo. Suelen ser niños con patrones muy manipuladores y difíciles de desenmascarar que han aprendido que el miedo les funciona para conseguir sus fines. El miedo de los demás a ser víctimas o de las víctimas a contarlo o su propio miedo a ser descubierto hace que cada vez las agresiones vayan subiendo de tono.

El miedo y la vergüenza hacen que tus hijos no te cuenten que les han quitado el bocadillo de media mañana o 

que les han bajado los pantalones en medio del patio y se ha reído todo el mundo de ellos.

Si en la nuestra sociedad dejásemos que los delincuentes campasen a sus anchas, las cosas no estarían nada bien... por eso tenemos unas leyes, unas normas, unos cuerpos de seguridad, jueces, etc. Pues lo mismo ocurre con los acosadores en los colegios, que campan a sus anchas porque en su microsociedad no hay unas leyes que les hagan pagar por sus fechorías o unos policías que les detengan porque nadie, ningún niño, se atreve a ser policía. A lo sumo, a quien se va de lengua le llaman chivato y esto es lo que no puede ser. Por eso yo hablo de que la solución que está en nuestra mano es la prevención.

En la prevención no hay acosadores ni acosados. Hay respeto y no hay chivatos. Hay normas que hay que cumplir para que la convivencia en la sociedad de los niños sea armónica y no haya abusos.  ¿Por dónde empezamos?

Empezamos por no consentir y normalizar como "es cosa de niños" un empujón a posta en las escaleras porque vas lento, o que te pongan un mote porque llevas gafas o estás gordo o que te insulten porque tienes una minusvalía. Si normalizamos ciertas cosas, ellos se escudan en eso, se hacen fuertes y la vida en el colegio se convierte en un calvario.

Hay que empezar por respetar a los demás, sus ritmos, sus costumbres, su forma de hablar y de expresarse, su forma de vestir... Hay que valorar lo que cada uno aporta a la clase en la que le ha tocado estar: uno será mejor en mates, otro en inglés, otro en plástica o educación física... Hay que inculcar valores a nuestros hijos y alumnos. Respeto, tranquilidad para con los demás y paciencia. Saber estar, trabajar en equipo, saber callar cuando los demás hablan o piensan la pregunta, no burlarse, saber esperar cuando el de delante baja lento la escalera...

Las cosas entre los niños llegan a unos extremos que no os podéis imaginar. Llegan a sacarse de quicio entre ellos de una manera alarmante. Imitan hasta el extremo lo que ven en la televisión -sobre todo lo violento- y no saben parar porque nadie les ha dicho dónde tienen el límite -o que lo que vieron en aquella serie, era ficción-. 

Los niños acosadores, por ejemplo, saben usar los puntos débiles de los demás para sacarles de sus casillas y luego, cuando el desquiciado se defiende, acusarle de haber comenzado la agresión. Casi siempre les creen por ese perfil manipulador del que antes hablaba y que suele ser muy habitual. Lo que viene siendo un lobo con piel de oveja.

 Los niños necesitan límites, que se les expliquen las cosas muy claras, a su nivel de entendimiento y que aprendan Inteligencia Emocional desde el minuto cero de sus vidas. Tienen que saber ponerse en el lugar del otro, ponerse en su piel para conocerle y valorarle, pero sobre todo para respetarle.


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